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Juan Pedro López, pintor de la Caracas colonial

Juan Pedro López, pintor de la Caracas colonial

Michael Nissnick
Juan Pedro López

La pintura colonial caraqueña alcanzó su mayor apogeo en la segunda mitad del siglo XVIII gracias a maestros de la talla de Francisco José de Lerma, la escuela de los Landaeta y muy especialmente, Juan Pedro López.

Biografía y familia

López, a quien un colega describió como el “pintor del mejor crédito y más continua práctica de esta ciudad”, nació el 23 de junio de 1724 en el seno de una familia de origen canario. Se formó como artista en su ciudad natal y realizó su primer trabajo conocido a la edad de 27 años.

En 1750 se casó con Juana Antonia de la Cruz Delgado, también de familia canaria. El matrimonio tuvo doce hijos. La octava, Ana Antonia, fue la madre de Andrés Bello, maestro de Simón Bolívar y uno de los grandes poetas y gramáticos de la historia americana.

Andrés Bello

Durante su vida, Juan Pedro López gozó de fama y reconocimiento como pintor, escultor y dorador, pues recibió numerosos encargos de iglesias, cofradías, conventos y familias adineradas. Falleció el 15 de agosto de 1787 a los 63 años en su casa de la parroquia Altagracia y fue sepultado en la cercana iglesia del convento de la Merced. Ambos edificios se derrumbaron durante el terremoto de 1812.

Olvido y recuperación

Aunque disfrutó de gran reconocimiento en vida, Juan Pedro López cayó en el olvido después de su muerte a causa de las numerosas turbulencias políticas que sufrió el país durante el siglo XIX. Incluso su obra se llegó a considerar anónima, pues se lo conocía simplemente como “el Caraqueño” o “el pintor de los niños cabezudos”.

A partir de la década de 1960, gracias a la labor de críticos de la talla de Alfredo Boulton y Carlos Federico Duarte, se rescató y revalorizó a López como una figura central en el desarrollo del arte colonial venezolano.

Su obra

Actualmente se conocen más de 200 trabajos salidos de la mano de Juan Pedro López, entre pinturas, esculturas, decoraciones ornamentales y dorados de retablos y marcos. Dichas obras se encuentran actualmente repartidas en iglesias, museos y colecciones particulares.

Juan Pedro López
«Nuestra Señora de Guía», de Juan Pedro López

La temática de la pintura de López, salvo algunas excepciones, es ante todo religiosa: Vírgenes, ángeles, arcángeles, escenas de las vidas de Cristo y de María y retratos de santos.  Veremos algunas de ellas a continuación:

“Historia de la vida de la Virgen” (1752)

Es el primer trabajo conocido de Juan Pedro López que ha llegado hasta nosotros. Originalmente estuvo destinado a la desaparecida iglesia caraqueña de San Mauricio, cuyo lugar ocupa hoy la Basílica Menor Santa Capilla.

Juan Pedro López
Detalle de la «Historia de la Vida de la Virgen», de Juan Pedro López

La obra consta de 16 escenas de la vida de María, desde la Anunciación hasta su coronación en el cielo. La mayoría de dichas piezas se conservan en la iglesia de San Francisco y dos pertenecen a colecciones privadas. La escena de la crucifixión está desaparecida.

Retablo de la Sacristía Mayor de la Catedral de Caracas (1756)

Otros importantes trabajos tempranos de López fueron los ocho lienzos que realizó para el retablo que el dorador Juan Álvarez Carneiro y el carpintero Francisco de León Quintana tallaron para la Sacristía Mayor del máximo templo caraqueño.

Entre los cuadros de López figuran la Inmaculada Concepción, un tema que volvería a tratar numerosas veces a lo largo de sus más de tres décadas de carrera.

Juan Pedro López
«Inmaculada Concepción» de Juan Pedro López en la Catedral de Caracas

También destacan cuatro ángeles, incluyendo el San Rafael y el San Miguel que aquí vemos.

San Rafael y San Miguel, de Juan Pedro López

“Martirio de San Bernabé” (1756)

Para el desaparecido Altar del Perdón, ubicado en la entrada de la Catedral de Caracas, Juan Pedro López ejecutó esta obra inspirada en el primer terremoto registrado en la capital venezolana.

Juan Pedro López
«Martirio de San Bernabé», de Juan Pedro López

El sismo ocurrió poco antes de las nueve de la mañana del 11 de junio de 1641, causó la muerte de 200 personas y la destrucción casi total de la Catedral. Como el evento ocurrió el día de San Bernabé, se lo conoce como “terremoto de San Bernabé”.

El cuadro de López muestra en primer plano el martirio del santo por lapidación y al fondo una escena del mencionado terremoto, en la que el arzobispo Mauro de Tovar rescata el Santísimo de los escombros de la catedral.

“Nuestra Señora de la Luz” (1760)

A mediados del siglo XVIII, Caracas vivió una época de profunda efervescencia religiosa impulsada por Diego Antonio Diez Madroñero, octavo obispo de Venezuela entre 1756 y 1769.

El prelado popularizó el culto a Nuestra Señora de la Luz, una advocación de origen siciliano, e incluso logró que la capital venezolana fuera rebautizada como “Ciudad Mariana de Caracas”, término que cayó en desuso años después.

Juan Pedro López realizó hasta ocho cuadros de la Virgen de la Luz, en los que se ve a la Madre de Dios sujetando el brazo de un alma rescatada de las llamas del inframundo.

La mayoría de estas pinturas tuvieron que retocarse tras la muerte de Díez Madroñero, pues su sucesor, Mariano Martí, consideró que dichas imágenes podían llevar a los devotos a creer que la Madre de Dios tenía el poder de rescatar a las almas del infierno, lo que,  a su juicio, haría que el pecador se abandonara “más desenfrenado a los vicios”.

Como consecuencia, el alma de los cuadros fue modificada para que luciera como un querubín alado, la mano extendida de María se retocó para que no tocara la mano del alma y se le añadieron un cetro o un lirio.

Una de los pocos cuadros de López que sobrevivió a los retoques se exhibe en la Capilla Santa Rosa de Lima del Concejo Municipal de Caracas.

Juan Pedro López
«Nuestra Señora de la Luz», de Juan Pedro López

“El Calvario o la Lanzada” (1768)

Juan Pedro López se inspiró muchas veces en grabados de artistas europeos y mexicanos para realizar sus propias obras. Uno de los ejemplos más notables es la escena de la crucifixión de Cristo conservada en la Colección Arnold Zingg de Caracas.

«El Calvario o la Lanzada», de Juan Pedro López

Su composición se basa en el célebre cuadro “La Lanzada” (1620), de Peter Paul Rubens, expuesto en el Museo Real de Bellas Artes de Amberes.

«La Lanzada», de Peter Paul Rubens

La estatua de “La Fe” en la Catedral de Caracas (1770)

El 21 de octubre de 1766 tuvo lugar el conocido como “terremoto de Santa Úrsula”, el segundo sismo registrado en Caracas. No hubo víctimas mortales, pero la torre de la Catedral sufrió tales daños que se optó por derribarla parcialmente y reconstruirla.  

Asimismo, el fundidor de origen canario Luis Antonio de Toledo recibió el encargo de elaborar una estatua de La Fe para coronar el nuevo remate de la torre. Toledo pidió a Juan Pedro López que hiciera un modelo de barro a tamaño natural, sobre el cual se efectuaría la fundición.

«La Fe», de Juan Pedro López

La escultura de bronce estuvo terminada en 1770 y desde entonces preside la parte más alta de la principal iglesia caraqueña.

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Retablo de la Orden Tercera de San Francisco (1771)

El rococó fue un movimiento artístico que floreció en Francia a mediados del siglo XVIII y que se caracterizó por el uso de líneas curvas y asimétricas. El retablo que aquí nos ocupa, expuesto en la iglesia de San Francisco de Caracas, está considerado la primera muestra de dicho estilo en Venezuela.

Retablo de la Orden Tercera de San Francisco, de Domingo Gutiérrez y Juan Pedro López

Su autor fue Domingo Gutiérrez, tallista de origen canario y familiar materno de Juan Pedro López, con quien trabajó en numerosas ocasiones. Los franciscanos le encargaron el retablo en 1765 y su salario correría a cargo de las limosnas del templo.

Gutiérrez talló la pieza con la ayuda de 16 obreros, pero un año y más tarde los fondos se habían agotado y el retablo seguía inconcluso, por lo que se decidió exhibirlo a medio terminar con la esperanza de que los feligreses se animaran a aportar más dinero para su terminación.

El retablo finalmente se concluyó en 1768 y al año siguiente Domingo Gutiérrez contrató a Juan Pedro López para que dorara la pieza y realizara los retratos de seis santos franciscanos para decorarla. El pintor terminó su tarea en 1771.

Santa Clara y Santa Rosa de Viterbo. Cuadros de López para el retablo de la Orden Tercera de San Francisco

“El Juicio Final” (1772)

Este cuadro mide 272 por 210 centímetros y es el más grande pintado por Juan Pedro López. Es la única obra de esta lista que no se encuentra en Caracas, pues se exhibe en la iglesia del Santísimo Cristo del Buen Viaje, ubicada en Pampatar, isla de Margarita.

«Juicio Final», de Juan Pedro López

López realizó el cuadro por encargo de Don Andrés de Berde, capitán de artillería de las Milicias de Blancos de Margarita, acaudalado comerciante, Alcalde Ordinario y Procurador General de la isla.

“Madre Josefa de la Encarnación” (1774)

Casi toda la obra artística de Juan Pedro López es de temática religiosa. Únicamente se tiene constancia de tres retratos póstumos salidos de su pincel, y de ellos solo uno ha llegado hasta nosotros.

La pintura representa a doña Josefa Melchora de Ponte y Aguirre, una acaudalada viuda  que en 1725 donó sus bienes para la fundación de un convento carmelita en Caracas, el cual no se consagró definitivamente hasta  1739 en una casa que doña Josefa poseía en la actual sede el Banco Central de Venezuela (BCV), en la esquina todavía hoy llamada “de Carmelitas”.

«Madre Josefa de la Encarnación», de Juan Pedro López

La propia doña Josefa tomó los hábitos con el nombre de sor Josefa de la Encarnación y vivió en el convento hasta su fallecimiento en 1774. Poco después López realizó su retrato, en el que por cierto la rejuveneció considerablemente, pues la religiosa tenía 87 años al momento de su muerte.  

En el convento carmelita de Caracas también profesó sor María Josefa de los Ángeles, la primera escritora venezolana de nombre conocido.

“Natividad con San Miguel y San Gabriel” (1770-80)

Para esta escena del nacimiento de Cristo conservada en la colección Roberto Carvallo López de Cevallos, Juan Pedro López se inspiró tanto en los evangelios como en los escritos de María de Jesús de Ágreda, una monja y mística española del siglo XVII.

«Natividad con San Miguel y San Gabriel», de Juan Pedro López

Ágreda afirmó que los arcángeles San Miguel y San Gabriel asistieron a la Virgen María en el parto de Jesús y que “al modo que el sacerdote propone al pueblo la sagrada hostia para que la adore, así estos dos celestiales ministros presentaron a los ojos de la divina Madre a su Hijo glorioso y refulgente”.


BIBLIOGRAFÍA: Duarte, Carlos Federico (1996): “Juan Pedro López, maestro de pintor, escultor y dorador 1724-1787”. Caracas, Galería de Arte Nacional, Fundación Polar.

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