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María Josefa de Los Ángeles, la primera escritora de Venezuela

María Josefa de Los Ángeles, la primera escritora de Venezuela

Michael Nissnick
María Josefa Damiana

Venezuela es país de grandes escritores y escritoras. Nombres como Teresa de la Parra, Ana Teresa Torres, Victoria de Stefano, Antonia Palacios, Elisa Lerner, Ana Enrique Terán, Miyó Vestrini, Hanni Ossott, Jacqueline Goldberg y Michelle Roche Rodríguez, entre muchos otros, destacan en el panorama cultural criollo con una obra extensa y reconocida.

La primera autora venezolana cuyo nombre conocemos fue una monja carmelita que vivió en Caracas entre los siglos XVIII y XIX. No se tienen muchos datos de su vida, se desconoce la fecha exacta de su muerte y solo dos poemas salidos de su pluma han llegado hasta nuestros días.

Primeros años

María Josefa Damiana Paz y Castillo Padrón nació en el pueblo (hoy municipio) de Baruta el 26 de septiembre de 1765 en el seno de una familia de origen canario. Su padre, Blas Francisco Paz y Castillo, se desempeñó como procurador general y alcalde ordinario del cabildo. Asimismo, sus cinco hermanos lucharon en la guerra de independencia.

María Josefa Damiana
Acta de nacimiento de María Josefa. Foto: Fundación CIEV

Uno de los hermanos, Blas Paz Castillo, murió en 1814 durante la batalla de Urica y fue abuelo de Fernando Paz Castillo (1893-1981), gran poeta venezolano del siglo XX.

El poeta Fernando Paz Castillo

A juicio del escritor Eugenio Méndez y Mendoza, la joven María Josefa “brillaba en los salones, si bastante por su rara hermosura, mucho más por el ingenio que solo se revelaba a los 16 años en la frase intencionada, en la oportunidad con que expresaba un concepto”.

De esta época data un relicario con un retrato de María Josefa que el poeta Paz Castillo aseguró haber visto en su casa y que describió así: “Un medallón ovalado de caoba. En él aparecía su rostro suave. El cabello peinado en dos trenzas, a la manera española, derramaba un caudal de sombras sobre la frente pálida. En torno al cuello, una cinta de terciopelo, de la cual pendía una cruz de azabache que le llegaba a la mitad del pecho”.

La muchacha no tardó en sentir la vocación religiosa y optó por solicitar el ingreso a la orden de las carmelitas descalzas, fundada a mediados del siglo XVI por la mística y escritora española Teresa de Jesús, posteriormente canonizada y declarada Doctora de la Iglesia.

María Josefa Damiana
Santa Teresa de Jesús

Un poco de historia

Los orígenes de las carmelitas descalzas en Caracas datan de 1725, cuando la viuda doña Josefa Melchora de Aponte y Aguirre obtuvo de la Corona española permiso para establecer un convento de esta orden y donó su fortuna, herencia y propiedades para tal fin.

A causa de diversos inconvenientes, el monasterio no abrió definitivamente hasta octubre de 1739 en una casa que doña Josefa poseía en la actual avenida Urdaneta.

La propia viuda tomó los hábitos con el nombre de sor Josefa de la Encarnación. Falleció en 1775 a los 87 años y su retrato póstumo lo realizó Juan Pedro López, el máximo pintor de la Caracas colonial y abuelo de Andrés Bello, una de cuyas hermanas, por cierto, también profesó como monja carmelita.

María Josefa Damiana
Sor Josefa de la Encarnación pintada por Juan Pedro López

Por su parte, María Josefa Damiana pidió el ingreso en las carmelitas en 1781, cuando tenía 16 años. Pero en ese momento vivían en el convento 21 monjas, el máximo número permitido por las reglas de la orden, de modo que sus aspiraciones tuvieron que esperar.

María Josefa Damiana
Monjas carmelitas de Caracas pintadas por Juan Pedro López

No sería hasta una década más tarde (1791) tras el fallecimiento de una de las religiosas, que María Josefa, ya de 26 años, pudo al fin ingresar como novicia en la orden. Tomó formalmente los hábitos al año siguiente y adoptó el nombre por el que pasaría a la historia: sor María Josefa de los Ángeles.

«Anhelo» y poesía

Sor María Josefa vivió como monja de clausura en Caracas durante el resto de su vida y alternó la estricta vida conventual con la creación lírica. Por desgracia, la casi totalidad de su obra se ha perdido y solo dos poemas suyos se incluyeron en volúmenes antológicos muchas décadas después de su muerte.

A juicio de la escritora y profesora María Ramírez Delgado, “por encima de que sean los primeros poemas escritos que se conservan de una mujer, resultan mucho más interesantes como evidencia de un acto de libertad, pues los poemas no tienen ninguna nota que refiera que fueron ordenados por alguien más, así que debemos presumir que la monja escribe desde su propia decisión”.

La composición más famosa de nuestra autora es “Anhelo”, que figuró por primera vez en la antología “Parnaso venezolano” (1892), de Julio Calcaño. Se trata de un breve poema de siete estrofas y 28 versos en los que la monja carmelita da rienda suelta a su vena mística, siguiendo el ejemplo de la fundadora de su orden, Santa Teresa de Jesús, con cuyo estilo guarda grandes semejanzas.

María Josefa Damiana
Santa Teresa de Jesús

La poesía mística española “resume la búsqueda de toda vida religiosa, la renuncia a una vida mortal y carnal que aleja de la unión con Dios, lo que la convierte en una vida de sufrimiento. El “anhelo” es por la vida eterna que viene después de la muerte”, explica la profesora Ramírez Delgado. El poema completo de sor María Josefa puede leerse en este enlace.

Temor y temblor

A las 4:07 de la tarde del Jueves Santo 26 de marzo de 1812, Caracas fue sacudida por uno de los más violentos terremotos de su historia. El sismo causó estragos en la capital y otras ciudades como Valencia, La Guaira, Barquisimeto, Mérida y Cumaná, entre otras. Se estima que la tragedia arrojó un saldo de hasta 20 mil muertos, 10 mil de ellos solo en Caracas.

El terremoto de 1812 según el pintor Tito Salas

El sismo tuvo efectos devastadores para la causa independista, pues el clero caraqueño consideró el terremoto como un castigo divino por desafiar a la Corona española.  

Fue en este contexto que el futuro libertador Simón Bolívar pronunció una de sus frases más famosas: “Si la naturaleza se opone, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca”. No obstante, la Primera República finalmente caería cuatro meses más tarde ante el avance del caudillo español Domingo de Monteverde.

El terremoto de 1812 destruyó numerosas casas, iglesias, hospitales y conventos de la capital. Varias de estas ruinas seguían visibles muchos años después del siniestro, como lo constató el pintor alemán Ferdinand Bellermann en la década de 1840.

Ruinas del terremoto de 1812 según Ferdinand Bellermann

Aunque el convento de las carmelitas descalzas no fue destruido, sufrió varios daños y se desplomaron algunos muros, por lo que las 20 religiosas, la novicia y las tres criadas que entonces lo habitaban tuvieron que abandonarlo temporalmente mientras se efectuaban las reparaciones.

Las monjas se alojaron durante aproximadamente un año en una casa propiedad de un mecenas del convento y ubicada cerca del actual Hospital Militar. Allí, sor María Josefa tuvo la inspiración para escribir su largo poema de 224 versos y 55 estrofas titulado “El terremoto”, en el que documentó la devastación que causó el sismo y describió su residencia provisional.

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Cuartel San Carlos

He aquí algunos extractos:

“En el veinte y seis de marzo / La tierra se estremeció / De mil ochocientos doce / ¡Qué espanto, qué admiración!”.

“No se oyen más que lamentos / en la hermosa Venezuela / Y solo por ser cristianos / Este golpe resistieron”.

“Se vieron muchas señoras / De las que el mundo seguían / Ataviadas y compuestas / En los escombros metidas”.

“Como se iban descubriendo / Los perros se las comían / Y tiraban de sus carnes / Por el hambre que tenían”.

Al igual que “Anhelo”, el poema “El terremoto” no se publicó en vida de sor María Josefa de los  Ángeles,  pues apareció por primera vez en el libro “Orígenes de la poesía colonial venezolana” (1979), de Mauro Páez Pumar.

Muerte de María Josefa y destino de las carmelitas

No hay registro de la fecha exacta de la muerte de sor María Josefa de los Ángeles. Aunque algunas fuentes apuntan al año 1818, la profesora María Ramírez Delgado estima que una posible pista se encuentra en los archivos de las nóminas de la elección de la priora del convento, en la que participaban todas las religiosas profesas.

El nombre de nuestra autora se repite en las nóminas desde 1792 (cuando hizo sus votos perpetuos) hasta 1834 y ya no figura a partir de la elección de 1837, por lo que quizás su fallecimiento se produjo en algún momento de esos tres años.

El convento de las carmelitas descalzas de Caracas funcionó hasta el 5 de mayo de 1874, cuando el presidente Antonio Guzmán Blanco lo clausuró en el contexto de su furibunda política anticlerical. Cuatro días más tarde, las 17 monjas que entonces lo habitaban abandonaron el país con escolta policial.

Antonio Guzmán Blanco

En la antigua sede del convento se instaló la Tesorería Nacional. En 1907 se inauguró allí el edificio del Ministerio de Hacienda diseñado por Alejandro Chataing, arquitecto oficial del presidente Cipriano Castro y bisabuelo, por cierto, del famoso animador Luis Chataing.

Ministerio de Hacienda diseñado por Alejandro Chataing

El Ministerio de Hacienda de Chataing fue demolido en 1953 para dar paso a la construcción de la avenida Urdaneta. En el espacio donde estuvo el convento de las carmelitas descalzas (y que se sigue llamando “esquina de Carmelitas”) funciona desde febrero de 1965 la actual sede del Banco Central de Venezuela (BCV), con diseño del arquitecto Tomás Sanabria.

Nuestra primera escritora conocida fue monja carmelita y en sus poemas anhela la unión con Dios y describe los horrores del terremoto de 1812
Sede del Banco Central de Venezuela
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