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Caracas desde mi ventana: Anita Mele

Caracas desde mi ventana: Anita Mele

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La ganadora del 1er. lugar del Concurso Caracas desde mi ventana es Anita Mele que tiene una gran foto, mostrando la libertad del papagayo el cual sería el símbolo de la niñez que se conserva y este papagayo está rodeado de una vista al barrio que es parte de la actualidad caraqueña, esa gente trabajadora y que se reinventa cada día.

Sin duda es un honor estar aquí, ¡qué estupendo ejercicio este de compartir miradas durante tantos días! Felicidades a todos, dan fe de una vista sensible a lo cotidiano, a la pausa que todos hacemos para disfrutar los colores, los sonidos, los aromas de la calle caraqueña.

1-¿Cómo te enteraste del concurso?

Fue una gran casualidad. Asomarme a la ventana es una maña adquirida, lo hacía mi abuelita materna desde que, producto de un ACV, la mudamos de su casa en el pueblo a la urbe Caraqueña, así sistemáticamente todos los días ella se “asomaba” y veía el mundo. Con ese hábito fijado, día a día al despertar se convirtió en mi primera parada, ver el amanecer por la ventana y el movimiento urbano y desde hace tiempo, al hacer una foto #DesdeMiVentana comencé a usar este hashtag, fue así como un día tipeándolo durante la cuarentena di con ustedes y con este magnífico reto, fue muy divertido compartir mis fotografías y disfrutar las vistas de tantos caraqueños que al igual que yo congelan un extracto de tiempo y lo guardan de bolsillo.

2-¿Por qué quisiste participar del concurso? 

¿Cómo no participar cuando en efecto ya de una forma u otra lo hacía? Encerrada en casa, en cuarentena, seguía haciendo clics en 3 capas a Caracas, al cielo caraqueño con sus amaneceres y atardeceres hermosos, al horizonte verde de nuestra ciudad con el imponente cerro El Ávila y su mística protección al valle caraqueño y las calles que desde mi ventana observo con un ida y vuelta de gente común que las surca con temple.

3-¿Fue una foto sacada al momento o ya la tenías planeada?

Rara vez «produzco» una fotografía, me caracterizo por relatar historias a partir de ellas, simplemente contemplo paciente y disparo a lo que me llama la atención. Esta es una de tantas capturas de los más de 150 días de cuarentena y aunque pareciera que el cuadro de la ventana es siempre el mismo, día a día refleja escenas, colores, elementos y matices distintos.

4-¿Qué es lo que más te gusta de la foto que tomaste?

Me gusta la calma, los detalles que se pueden ver pese a que fue disparada con un objetivo de 300mm. Me entusiasma cuando logro que lo que estoy viendo con mis ojos sea el resultado al hacer click. Cuando lo que obtengo es una copia fiel, cuando congelo el momento para no olvidarlo.  

5-¿Qué es lo que más te gusta de lo que ves desde tu ventana?

Seguramente el dejar una bitácora de mi propia existencia. De cómo Anita veía al mundo.

6-¿Qué te pareció esta iniciativa?

Excelente, con reglas claras, sencillas y con la ventaja del libre albedrío, sin atar o encarrilar a ver algo específico. Sin límites y con un feedback activo que impulsaba a seguir compartiendo tu trabajo. 

7-¿Qué mensaje le pondrías a la foto que tomaste? 

La foto con la que participé en Caracas desde mi Ventana solo enmarca el lado no opulento de mi ciudad, buscando un disparo de inocencia en un sector donde palpita el miedo y resuena el grito del hambre. Ese día en particular había presenciando a unos jóvenes comiendo de la basura, junto con una serie de elementos que se me fueron arremolinando en el pecho. Yo suelo sacarme las espinas escribiendo y haciendo fotos que tengan que ver con esa sensación que viví. Las fotos son eso, retratos de un momento, no solo de rostros. Así decidí fotografiar el vuelo del papagayo, atrás deja el ruido, el ladrillo y el hierro; el asfalto y el viento junto a la candidez del niño le dieron vuelo.

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Ahora en cuanto a la foto la misma tiene un escrito:

Indica lo que me ocurrió ese día en particular: «NO TODAS LAS HISTORIAS SON GRATIFICANTES NI COLOR ROSA. Hoy cuando salí a caminar al peludín de la casa, no había andado ni 50 metros de la reja de mi edificio cuando a mi derecha – en mi acera- tengo que saltar un plastón humano, la hediondez, las moscas, el olor nauseabundo de un buen trozo de calle que ahora era un baño al aire libre y con vista a la quebrada, a enseres rotos abandonados y basura y a la izquierda –frente a este espacio- vi a un grupo de jóvenes (cerca de 7) sentados alrededor de las bolsas de basura que supongo las acababa de dejar allí la panadería cercana para que las recogiese el camión.
Una escena que se me quedó grabada, pues ellos disfrutaban de ese festín cual mesa de degustación, a un lado 3 hombres también pedían que les dieran su parte. Yo bajé la mirada y apuré el paso, proseguí la caminata, ahora indispuesta, con mil pensamientos, tristeza, rabia, vergüenza, preocupación…
En plena pandemia, se exacerba aún más la necesidad, algunos son la consecuencia de este sistema nefasto de dar y dar, sin procurar valerse por sí mismos y llevan años en ese vivir viviendo, otros ya ni sabrán que hacer para cambiar, se perdió el parámetro de lo que es la normalidad y todos de una manera u otra estamos dentro de este ecosistema Darwiniano donde solo quedará el más apto, el más rolo e´vivo o el que no se resistió y se dejó llevar por la corriente.
De regreso a casa, para ponerle la guinda al pastel, me detengo a comprar pan y al salir con la bolsa un individuo me increpa: «mami, me regala un pan, yo lo recibiría gustosamente», así! no soy una mala persona; un tipo joven, sin ninguna dificultad física y menos verbal, que no tiene dinero ni para comprar un pan, que no sé si trabaja o solo mendiga (no lucía como una persona que está en situación de calle), pida que le regalen el pan… Parte del gran problema de nuestro país, la dádiva, que todos hemos fomentado de alguna manera, dando dinero para pagar por gestos que fácilmente podrían considerarse o parte de un trabajo o un favor. Se normalizó el pedigüeño, ya no es solo los niños de la calle; son niños, perros, gatos, mujeres, hombres, ancianos, indígenas, gente con algún padecimiento físico o de salud, etc. No hay alma caritativa que alcance para tanto.
Los cambios que necesita Venezuela son de fondo y urgen.
A veces pareciera que en un mundo distópico como el del Planeta de los Simios, no es la evolución del primate lo que está en el plato, es la involución del hombre la que preocupa.

¡Qué peo!»


8- ¿Qué mensaje le das a los caraqueños?  

¡Dejando huella! Y así es todo, procura que tu paso por el mundo deje una huella hermosa, un recuerdo alegre, una idea asombrosa, un sinónimo de buenas acciones.

Todo lo que tocas queda impregnado de ti.

Camina con buen pie.

Caracas ruge, solo hay que saber domarla.

Aún sin salir el sol ya el ruido está presente en sus calles, por eso algunos dicen que es una ciudad que no duerme.

Te acostumbras a su ruido, a su rugir, te mantiene alerta, con los ojos en un solo baile.

Una vez haces tuyo ese sonido, apartas el blanco y el negro y saturas de color todo lo que alcanzas a ver. Desde un amanecer tricolor decorado con nubes doradas, hasta un atardecer Pantone 638C, sin una sola nube, que hace resaltar el pulmón de la ciudad, mostrando una paleta de verdes, azules, rojos, naranjas y amarillos deslumbrantes.

Pero esto solo lo puedes disfrutar cuando ves a tu ciudad desde el corazón; y es allí cuando, como en un film en «slow motion» abres y cierras los ojos como un obturador, guardando imágenes que más tarde te sacarán una sonrisa.

No importan los matices, el desorden urbano, de ladrillos y cartón a mosaicos y ventanales refractarios. Una mezcolanza de gente de todos los colores llenan sus calles y se entrecruzan al menos una vez.

Así que, bien estés en el centro, al norte o al sur, en el este o en el oeste sentirás la velocidad que esta ciudad impone; aquí se camina apurao, se come de igual manera, se pasa el día como si de una carrera se tratase.

Haz una pausa al día, toma aire, comparte algo de tiempo con alguien que te importe, haciendo algo que te de felicidad, sin apuro; piensa que puedes probar algo rico, o algo nuevo, echar un pie, cantar en la ducha, robar un beso, tomar una foto… Domar a Caracas es vivirla con aires de sonrisas, con música y no con ruido; el león vive dentro de ti.

Caracas desde mi ventana

Resaltando algunas de las tantas cosas interesantes que dijo Anita está el hecho de que puedes hacer de esto un hábito, mirar desde tu ventana y retratar lo que estés viendo, conseguir una copia fiel de la vista que tengas, al igual que con las sensaciones que tengas en el día tratar de conseguir una foto que muestre eso que sentiste. Su mensaje a los caraqueños es muy importante y es que dejes una huella, sin importar lo que pase y que tu presencia en este mundo deje una huella. Su cuenta en Instagram por si quieres ver más fotos de ella es: @anita_mele.

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