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Pérez Bonalde: Más que una estación de Metro

Pérez Bonalde: Más que una estación de Metro

Michael Nissnick
Pérez Bonalde

Muchos caraqueños asocian el nombre de Pérez Bonalde a una estación de la línea 1 del Metro de Caracas ubicada al oeste de la ciudad. Dicha denominación homenajea a uno de los mayores poetas de nuestra literatura, cuya breve vida estuvo signada por la tragedia, el destierro y el cosmopolitismo.

Primeros destierros

Juan Antonio Pérez Bonalde nació en la parroquia caraqueña de Santa Rosalía el 30 de enero de 1846. Su padre era militante del Partido Liberal y llegó a desempeñarse como senador, ministro y presidente (gobernador) de estado.

El estallido de la Guerra Federal en 1859, llevó a los Pérez Bonalde a que optaran por el exilio en 1861. Durante los siguientes tres años vivieron en las islas de Puerto Rico (donde el futuro poeta se desempeñó como profesor en una escuela fundada por su padre) y Saint Thomas.

Estampa de la Guerra Federal

Tras el final del conflicto, la familia volvió al país en 1864. El padre de Pérez Bonalde planificó la fundación de un nuevo colegio, pero su muerte por una angina de pecho frustró el proyecto. El hijo ya empezaba entonces a figurar como autor de versos.

La llegada de Antonio Guzmán Blanco al poder en 1870 supuso un nuevo exilio para el joven poeta, pues el nuevo mandatario le dio un plazo de ocho días para abandonar el país tras enterarse de que Pérez Bonalde era el autor de unos versos satíricos en su contra recitados por un payaso durante un número de variedades.

Antonio Guzmán Blanco

Trotamundos

Juan Antonio Pérez Bonalde abandonó Venezuela en marzo de 1870 rumbo a Nueva York, ciudad que se convertiría en su residencia habitual durante los siguientes diecinueve años. Entró a trabajar como representante viajero de Lanman & Kemp, una empresa fabricante de perfumes fundada en 1808 y que todavía existe.

Gracias a su trabajo, Pérez Bonalde pudo viajar por todo el mundo y conocer casi todos los países de Europa y extensas zonas de África y Asia. Asimismo, sus generosos honorarios y comisiones le permitieron vivir en un confortable apartamento en Manhattan y usar una vajilla de oro grabada con sus iniciales.

Vista de Manhattan en el siglo XIX

También disfrutaba relatar a sus amigos las innumerables vicisitudes, tanto reales como ficticias, de sus periplos internacionales, tocaba el piano con maestría y practicaba la esgrima.

Pero por sobre todas las cosas, Pérez Bonalde aprovechaba las noches y las largas horas de viajes para dedicarse a su máxima pasión: la poesía, género en el que destacó como precursor del movimiento modernista, cuyo máximo representante fue el nicaragüense Rubén Darío.

«Vuelta a la patria»

En 1876, Pérez Bonalde retornó brevemente a Venezuela tras el fin del primer gobierno de Guzmán Blanco.

La expectativa de volver a ver la tierra natal lo inspiró de tal manera que compuso su poema más famoso: “Vuelta a la patria”, en el que describe con emoción cada paso de su llegada al país: el arribo al puerto, la subida a la capital y la vista de Caracas, con “sus techos rojos, su blanca torre, sus azules lomas”.

Vista de Caracas pintada por Ferdinand Bellermann

Pero a la alegría sigue la tragedia, pues tras una primera parte llena de gozo por la contemplación de Caracas, el poeta dedica la segunda parte de su canto a visitar la tumba de su madre, fallecida durante su ausencia. El poema completo lo pueden leer en este enlace.

A juicio de Arturo Uslar Pietri, “Vuelta a la patria” es “un limpio canto que, casi más que a la poesía, pertenece al patrimonio moral de los venezolanos”.

Cuatro años más tarde, Pérez Bonalde compuso otra obra maestra: el extenso “Poema del Niágara”, que adquiere un solemne tono metafísico cuando el autor interroga a la gigantesca cascada norteamericana sobre los grandes misterios de la vida, la muerte y la condición humana.  Pueden leerlo aquí.

Traducciones de primera

Juan Antonio Pérez Bonalde fue un hombre de gran cultura y llegó a dominar varias lenguas, entre ellas el alemán, el inglés, el francés y el italiano, lo que lo llevó a alternar la escritura de sus poemas propios con la traducción de aquellos autores que admiraba.

Los logros del caraqueño en este terreno fueron notables, como lo demuestran su versión del “Cancionero” del poeta romántico alemán Heinrich Heine y muy especialmente la primera traducción al español del célebre poema “El cuervo”, del maestro del terror estadounidense Edgar Allan Poe y que pueden disfrutar en este enlace.

Edgar Allan Poe y «El cuervo»

“El cuervo” de Poe, por cierto, apareció en un especial de Halloween de “Los Simpson” emitido en 1990.

El cuervo de Poe según los Simpson

Tragedia y ocaso

Pérez Bonalde se casó en Nueva York con Amanda Schonmaker en 1879. El matrimonio tuvo una única hija, Flor, que falleció a finales de 1883 con apenas tres años de edad.

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Pérez Bonalde
Fotografía de Pérez Bonalde

Contra lo que pudiera pensarse en un primer momento, la niña no murió a causa de alguna enfermedad, sino debido a un ataque de risa. Así lo explica el sacerdote y crítico Pedro Pablo Barnola:

“La niñita debía ser un caso extraño, diríase patológico. Criatura de prodigioso desarrollo mental, que antes de los dos años ya entendía y reflexionaba como persona mayor. Y así fue como cierto día, mientras se hablaba durante la comida, Flor entendió algo de la conversación que le causó mucha gracia, de donde le acometió un acceso incontenible de risa, al que siguió un ataque y poco después la muerte”.

El fallecimiento de la pequeña inspiró al poeta su última gran obra maestra: el poema “Flor”, la “elegía más plena y más refinada al mismo tiempo de las letras venezolanas” según Uslar Pietri. Aquí pueden leerla.

Pérez Bonalde nunca se recuperó del golpe que supuso la muerte de Flor. Su matrimonio se deshizo y su creciente adicción a la morfina lo llevó a ingresar durante un año en un sanatorio en Nueva York e interrumpir el contacto epistolar con su familia caraqueña.

Regreso definitivo y muerte

Tras ser dado de alta, el poeta regresó a Venezuela en 1889 aparentemente curado. Pero no tardó en aburrirse de Caracas y manifestar fervientes deseos de volver a irse.

El entonces presidente, Raimundo Andueza Palacios, le otorgó un cargo diplomático en Amberes, pero Pérez Bonalde sufrió una nueva crisis de salud durante la travesía en alta mar y tuvo que desembarcar en Curazao y esperar un barco que lo devolviera definitivamente a su país.

Pérez Bonalde
Busto de Pérez Bonalde

Por sugerencia de los médicos, Pérez Bonalde se mudó a casa de una sobrina en La Guaira con la esperanza de que los aires marinos le mejoraran la salud. Poco después sufrió una parálisis de las piernas y dos hemiplejias que le quitaron el habla.

Paisaje de La Guaira pintado por Ferdinand Bellermann

Juan Antonio Pérez Bonalde finalmente falleció en La Guaira el 4 de octubre de 1892 con apenas 46 años de edad. Sus restos se trasladaron a Caracas en 1903 y en 1946, centenario de su nacimiento, ingresaron en el Panteón Nacional. La estación del Metro con su nombre se inauguró en 1983.

Juan Antonio Pérez Bonalde
Estación de Metro Pérez Bonalde (Foto: Wikipedia)
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