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Plaza La Concordia: símbolo de paz con un pasado oscuro

Plaza La Concordia: símbolo de paz con un pasado oscuro

La Concordia

En la parroquia Santa Teresa del municipio Libertador de Caracas está ubicada la plaza La Concordia, hoy un símbolo de paz y unión donde estuvo La Rotunda, una cárcel construida que cobró fama por ser epicentro de múltiples torturas producidas bajo el gobierno de Cipriano Castro y particularmente bajo la dictadura de Juan Vicente Gómez.

La Rotunda

Al sur del antiguo Hospital de Caridad de Hombres se iniciaron en 1844 las labores de construcción de la cárcel La Rotunda, bajo la presidencia de Carlos Soublette, culminada en 1854, con José Gregorio Monagas al poder. El nombre de este centro penitenciario se deriva de la forma circular del edificio. Su diseño panóptico data de finales del siglo XVIII fue ideado por el filósofo utilitarista Jeremy Bentham. Este tipo de arquitectura carcelaria que permite al guardián, protegido en una torre central, vigilar de todos los prisioneros recluidos en sus celdas particulares. Todo esto sin que los reclusos puedan saber si están siendo observados.

La Rotunda contó con una superficie de 1.100 metros cuadrados. El patio circular interno medía 24 metros de diámetro. Desde allí se podía divisar los dos pisos de calabozos radicalmente dispuestos a razón de 24 cubículos de 2m x 3m aproximadamente y otro que servía de entrada.

La Rotunda

Era una prisión que fue concebida en primer lugar para delincuentes comunes. Nunca se pensó que en sus celdas llegarían a estar presos políticos. Sin embargo, con la llegada de Gómez a la Presidencia de Venezuela y hasta el fin de su mandato, esta prisión tomó pésima reputación debido a las torturas y agresiones a sus reclusos, en especial aquellos arrestados por motivos políticos. Aquellos opositores al régimen gomecista cargaban con grilletes y pernos de acero en los pies.

Décadas de oscuridad

Los siniestros métodos de tortura incluían los eventuales venenos en los alimentos de los reos sobre los que pesaran órdenes de asesinato, así como vidrio molido en sus bebidas y alimentos. Contaba con “el calabozo del olvido” donde encerraban a los prisioneros por tiempo indefinido.

Aunque se cerró temporalmente en 1927 como parte de la amnistía promovida por el entonces secretario de la presidencia, Francisco Baptista Galindo, se abrió de nuevo en 1928.

Entre la lista de personalidades célebres que estuvieron encerradas en sus calabozos se pueden recordar a Joaquín Crespo, Román Delgado Chalbaud, José Rafael Pocaterra, Jóvito Villalba y Andrés Eloy Blanco. El ex presidente Crespo fue el primer preso político del país cuya celda estaba debidamente alfombrada y equipada.

Cambio de dirección

Luego del fallecimiento de Gómez, en 1936 el entonces presidente Eleazar López Contreras ordenó la demolición de La Rotunda, después de más de 92 años sobre sus cimientos.

La Rotunda

Antes de que se ejecutara su derrumbe, se abrió al público por un periodo de tiempo como una especie de lugar turístico de terror.

Sobre las ruinas de esta temida prisión se levantó la plaza La Concordia, en honor a los  ‘Luchadores de la libertad en América’. Se le asignó dicho nombre siguiendo la costumbre internacional de adjudicar ese nombre a cada plaza donde se demolió una cárcel.

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Inaugurada en 1940, este espacio se pensó como un lugar simbólico para la sociedad venezolana. Es una especie de recordatorio histórico para que las futuras generaciones reflexionen sobre los hechos atroces que allí se vivieron.

El encargado del proyecto de la plaza fue Carlos Raúl Villanueva, uno de los arquitectos más influyentes del siglo XX. En ella se construyó un imponente templete neoclásico monóptero como punto central. Tenía un techo cónico con tejas y columnas que simulaban a Grecia. Se aplicaron en los entrepaños de sus columnas frases de Simón Bolívar, Andrés Bello y otros patriotas nacionales, como símbolo de paz y unión.

La Concordia

Reinvención

En 1961 este templete central y los espacios verdes se demolieron en su totalidad. En el sitio se concluye la remodelación de la plaza, de acuerdo a una propuesta del arquitecto paisajista Eduardo Robles Piquer y el ingeniero Tomás Reina.

La Concordia fue víctima de abandono a finales del siglo XX. En la parte superior se hicieron trabajos de recuperación y desde 2016 se exhibe un obelisco decorado por el mural del artista Mateo Manaure. La obra fue realizada en señal de paz y encuentro, muy en sintonía con el fin último de la creación de la plaza.

La Concordia
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