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San Jacinto, un mercado con historia

San Jacinto, un mercado con historia

Carol Álvarez

Lo que hoy es la plaza El Venezolano fue el mercado de San Jacinto, pero antes de ser plaza y mercado, fue un convento de frailes dominicos. Tras conflictos con los religiosos se convirtió en núcleo y corazón comercial de Caracas por décadas.

La Capitanía General de Venezuela entra en el siglo XIX y con ella el mercado de San Jacinto, una opción para despojar el rebasado mercado de la Plaza Mayor. No obstante, se convirtió en la feria a cielo abierto más grande de Caracas, donde las familias caraqueñas adquirían lo necesario para elaborar platos tradicionales.

En 1894, un año después de haberse graduado, Alejandro Chataing recibió el primer premio en el concurso para las fachadas del Mercado Municipal de San Jacinto en Caracas, con la colaboración del novel profesional de la ingeniería Siro Vásquez.

Antes de profundizar sobre este popular bazar caraqueño es obligatorio mencionar que allí pero en 1592 los dominicos levantaron el convento de San Jacinto, con techos de palma. A la congregación le adjudicaron dos solares, uno de ellos debía ser una plaza para mayor lucimiento de la iglesia. Estas estructuras de bahareque fueron reemplazadas en 1610 por el templo construido en la mitad de la cuadra y el convento San Jacinto hacia la esquina del Dr. Paúl. El solar de la esquina de San Jacinto fue convertido en plazuela.

A principios del siglo XIX, ya formada la Capitanía General, el Mercado Principal de Caracas que se formaba en la Plaza Mayor, ya era percibido como manzana de la discordia, pues no se limitaba a la venta de víveres. Al contrario, en la feria se vendía de todo: pescados, aves, frutas de toda clase, dulces, papelón, casabe, sedas, cuchillos, retratos de santos, rosarios, animales vivos y muertos. Diariamente permanecía abarrotado de vendedores y compradores. Era tan famoso que era visitado por los viajeros extranjeros que iban con la intención de captar la vida popular.

Nace la feria

El 26 de junio de 1809 marcó un antes y un después. La paz del antiguo monasterio pasó a la historia cuando el gobernador, Vicente Emparan, sacó el mercado de la plaza Mayor abrumado por el aumento de la población. Los frailes por su parte se quejaron del ruido que producía el mercado en la plazuela.

A raíz de estas quejas, se subdividió el mercado. Una de las iniciativas del Cabildo se centraba en la renovación urbana y traía consigo el descongestionamiento del mercado central. La idea fue mudar parte de las actividades hacia otras plazas. Estas eran la de San Jacinto -a dos cuadras al este de la Mayor-, la de San Pablo -tres cuadras al sureste- y a Altagracia -dos cuadras al norte de Catedral-.

Foto de Calos Muller
Revista Elite 1933

Este fue el primer paso para despojar a la Iglesia de sus pertenencias y especialmente de localidades que ocupaban terrenos prominentes en el centro de la ciudad. Sin embargo, la ciudad aumentaba y la enorme concurrencia de vendedores y compradores dificultaba el tránsito interno y de acceso al lugar. Por eso, se propuso que en San Jacinto estaría solo el expendio de frutas, pan y dulcería. Un embuste. Al mercado se trasladaron carniceros, panaderos, pescaderos, cochineros, ventas de cacao, papelón, fruteras, lecheras y más.

Productos de primera

Vendedoras de aliños y verduras
Foto: Calos Muller
Revista Elite 1933

Ya bien entrados los días republicanos el mercado de la plaza mayor se fundió definitivamente con el ya repleto San Jacinto. Cada vez eran más las flores, pájaros y olorosas piñas. Y los dulces de Caracas empezaron a ganar excelente fama.

Las cocineras provenientes de Martinica aportaron un colorido especial al mercado. Con sus vestidos singulares y sus cabezas elegantemente cubiertas con pañuelos de tela atados con nudos que con solo su arte y picardía ellas lucían.

La Plaza de El Venezolano. Exposición y venta de pájaros, frutas y flores, aparece aquí en una de sus
horas de más movimiento
Foto: Carlos Muller / Revista Elite 1933

También, los inmigrantes italianos alcanzaron fama. Se estacionaban a las afueras del mercado en la llamada “playa” con sus máquinas de amolar.

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Otros productos que destacaron en el bazar eran las caraotas negras de Chacao, los duraznos y naranjas de Galipán, los cambures titiaros y aguacates de Guarenas y los quesos de mano y de cabra traídos desde El Hatillo.

A finales del siglo XIX, desde 1894, se comienza la construcción de una estructura edificada para sustituir el mercado a cielo abierto que hasta ahora venía funcionando en la plazuela. Los arquitectos Alejandro Chataing y Juan Hurtado Manrique, dos de los más importantes de ese siglo, ganaron un concurso que los llevó a hacer realidad esta edificación. Se le incorporaron técnicas y materiales constructivos avanzadas como las estructuras metálicas importadas desde Bélgica.

Foto cortesía: fundaayc.wordpress.com

El mercado de San Jacinto fue heredero de la tradición y costumbres de su padre, el mercado de la plaza Mayor. Por más de cien años fue el corazón comercial de Caracas. En 1948 el popular mercado comenzó a decaer y desapareció definitivamente en 1953. Este último año se desarmó su estructura, demolió el edificio. Parte de la cubierta, rejas, sus vigas y columnas se reciclaron para la construcción del mercado de Catia.

Para conocer otros datos curiosos te invitamos a ver el siguiente video:

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