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Cachito venezolano, recuerdo de la infancia

Cachito venezolano, recuerdo de la infancia

Cachito venezolano

El tradicional cachito venezolano, ese panecillo dulzón generalmente relleno de jamón, aunque variaciones en el relleno que se han puesto de moda a través de los años, forma parte de la cultura culinaria del país. Es tan autóctono como un tequeño, una hallaca o una empanada de carne mechada.

Puede haber algo parecido, como el europeo Croissant, pero nunca igual en ninguna parte del mundo, ya sea que esté relleno solo de jamón, se le agregue queso amarillo (como en la panadería, «La Flor de Altamira» frente a la clínica El Avila), o sea “light” de jamón de pavo o ricotta.

Es que el cachito es nuestro, se consume diariamente en cualquier panadería, ya sea como desayuno o como merienda, pero, a pesar de ello, nadie sabe con exactitud cuándo llegó ni por qué. «Del cachito no se sabe mucho. Dicen que lo inventaron los portugueses cuando comenzaron a abrir panaderías en Caracas», explica la chef y asesora culinaria Ary Pérez Solis.

«Nos gusta porque es un pan de masa dulce, relleno con bastante jamón. Nos recuerda a una presentación tan nuestra como el Pan de Jamón decembrino, por eso sus sabores activan nuestra memoria gustativa», agrega.

De hecho, al chef José Miguel Elías, mejor conocido en las redes sociales como @chefturista por su canal de YouTube “Cocinando con el chef turista”, donde enseña que preparar cualquier tipo de plato no tiene por qué ser tan complicado, asegura que el popular desayuno “me recuerda a las navidades” y tal vez por ello, según su gusto, “tiene que tener jamón ahumado y pasas. Es más parecido a un pan de jamón”.

Tamto Pérez Solis como Elías coinciden en que que lo que tiene de diferente el cachito venezolano, lo que lo hace único, es la tradición, lo que su particular sabor evoca en nuestros recuerdos.

“Lo combinamos con una malta bien fría y nos recuerda a nuestra infancia, al colegio, porque generalmente eso es lo que uno desayunaba”, explica Elías; mientras que a Pérez Solis le recuerda «a nuestra mamá, haciendo su parada en la panadería, comprándolo recién horneado para llevarlo a nuestra lonchera. El cachito es nuestra conexión con la infancia».

Aunque Elías no tiene preferencias sobre donde degustarlo, sí tiene unos estándares bien claros sobre lo que debe poseer un buen cachito. “La masa tiene que ser firme, no aguada; delgada, debe ser lisa, tener un toque dulce muy muy delicado y ser suave”, dice, para luego aclarar que debe comerse tibio “para poder sentir los sabores sin quemarse la boca. Las pasas calientes no perdonan”.

Para Pérez Solis, es una cuestión de relleno y que esté recién horneado «con jamón ahumado abundante y rebanado delgado».

«Buenos cachitos en Caracas los he comido en «Cuevas de Iria» en Santa Eduvigis, en «La Flor de Altamira» y siempre es un lujo pasear por La Candelaria y disfrutar de un buen cachito que ofrecen las panaderías abiertas desde la inmigración portuguesa», agrega.

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Diana Arreaza es una de las creadoras de la cuenta de Instagram @hermanitas_gorditas. Se define como una caraqueña comelona que le encanta probar nuevos sitios, y como tal un buen cachito no escapa de su radar.

Para ella, la clave es que estén recién hechos y coincide con Elías en que deben estar tibios para disfrutar completamente su sabor. Sus favoritos son los de la panadería “Aida” en Los Palos Grandes, acompañados con un buen café con leche. “Les ponen como un quesito arriba que les queda espectacular”.

“Aunque la panadería es viejita, me parece que allí todo es bueno porque todo es fresco. No dejan las cosas ahí por más de un día”.

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