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Con la mirada de un xoanon, un vistazo a la cultura occidental en Caracas

Con la mirada de un xoanon, un vistazo a la cultura occidental en Caracas

Cultura occidental

A medida que recorro el centro de nuestra caótica y bella ciudad, simultáneamente voy encontrando los frutos que han quedado sembrados en nuestras vidas tras la adopción de la cultura occidental.

Me sorprende ver a nuestro alrededor todo impregnado de esta bella cultura y arte clásico; son detalles, algunos pequeños porque los damos por sentado en nuestra cotidianidad, los pasamos desapercibidos, sumergidos en nuestras rutinas, y otros son tan obvios que nos dan en la cara de frente, como por ejemplo nuestra planificación urbanística a la que puedo comparar apenas llego a la Plaza Bolívar, los edificios gubernamentales, el templo: nuestra catedral cuya estructura nos fue heredada de las basílicas romanas donde anteriormente se mercadeaba, las calles que van rodeando y conectándolo todo, girando en torno a la figura de un héroe de la patria y la fuente central; paso por una tienda de frutos secos y no puedo dejar de ver esos sacos y recipientes de barro en forma de bellas carteras almacenando el rico maní.

Al continuar mi recorrido me pregunto, ¿qué tan diferentes habrían sido nuestras vidas y  desarrollo social sin la influencia de toda esta rica cultura grecorromana?

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De pronto, en una esquina dentro de una panadería, un alboroto me llama la atención, al entrar encuentro a todos celebrando un gol de nuestra vinotinto, el amor por el deporte sano y la práctica de éste como herramienta de unión entre distintas naciones, punto de encuentro de los pueblos. Llega a mi mente la primera olimpíada y el inicio de un tiempo de paz siembra esperanza dentro de mí al ver a todos abrazados, al tiempo que en la televisión el público que observa pareciera estar sentado en una especie de koilon aplaudiendo el espectáculo.

Como toda herencia que recibimos, al no poder seleccionarla, obtenemos unos elementos más positivos que otros y así puedo ver el machismo en una madre que le dice a su niña: “ves, con cartera estás linda, con el morral parecías un varón, así nunca ibas a conseguir novio”. La política usada para crear corrupción contra la cual luchamos, pero también logramos libertad con el divorcio romano.

Continúo y veo a tantos conversando en la plaza, el maravilloso arte de gozar la vida y el tiempo libre, algo que tanto nos caracteriza, otra bella herencia y nuestro amor por el arte, la literatura y la filosofía es lo que nos convierte en el pueblo que somos, aún dentro de nuestra locura social y con un pueblo que pareciera haber perdido momentáneamente el norte; aún allí se puede ver entre ellos, entre nosotros, todas las raíces del mundo occidental a flor de piel.

Llego a la iglesia, y me pregunto, ¿qué sería de nosotros sin la religión cristiana? Si Constantino no la hubiese establecido en su momento, ¿cómo dominaríamos al titanismo natural en cada uno de nosotros sin el temor a la ira de Dios?, porque si temiéndole estamos como estamos, mejor no imaginarme un mundo sin la culpa; de regreso al caos inicial. Ojalá frenemos a tiempo el camino hacia lo titánico. Pasan a mi lado dos militares y no puedo evitar verlos con sus cascos romanos, tal vez estaríamos mejor sin ellos y su hieratismo que nada tiene que ver con la democracia, el tesoro más maltratado de nuestra herencia, según veo.

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Al parecer tratamos de tomar lo mejor de cada uno, Grecia y Roma, pero como que no lo hemos sabido balancear correctamente. Más atrás le siguen un grupo de liceístas. Su lenguaje y expresión deja mucho que desear, como si entráramos de nuevo a una época oscura sin lengua ni escritura, y de pronto me siento ateniense, sobreviviendo, pensando en lograr llegar al momento de la transición hacia la recuperación de nuestra civilización perdida. Me temo que vamos a ser de nuevo bárbaros, al olvidar la ley de Dios que nos unifica y nos ve a todos por iguales, inclusive rezo para que recuperemos los conocimientos tan valiosos que nos fueron otorgados para la manufactura y las técnicas de agricultura, y así volver a producir para que no exista más la carencia de alimentos.

Ya de regreso paso por el Capitolio Nacional donde destacan los detalles griegos en una de sus fachadas, y con sus bellas columnas de capiteles corintios y esas hermosas representaciones de la libertad y la justicia, irónicamente semejando unas cariátides esclavas que adornan la parte externa del salón elíptico, donde actualmente se lucha por nuestros derechos, aunque creo que las verdaderas cariátides están allí detenidas en las colas, recordándonos a todos lo que puede pasar cuando tomamos malas decisiones… Uno que otro atlante acompaña el desfile.

Puedo observar nuestra diversidad de físicos, producto de nuestra rica mezcla de diferentes razas y me alegro de que no tengamos en nuestra psiquis el concepto de metecos, y que por el contrario consideremos a cada persona que llega del extranjero un ciudadano que encuentra, al llegar, un pueblo con los brazos abiertos.

Regresa a mí, en profundo suspiro, la fe y el orgullo patriota, porque al igual que a los griegos, el peor castigo para nosotros ha sido el exilio de nuestra amada nación. Si de la mitología griega la psicología obtuvo lo que necesitaba para determinar los arquetipos que definen nuestros comportamientos y aspectos de la personalidad, ojalá que los dioses nos miren con piedad desde el Olimpo.

Llegando al final de mi recorrido observo los autos bajar por un puente, al pasar bajo el arco recuerdo los acueductos y veo por una alcantarilla en el suelo, tratando de imaginar cómo será ese mundo subterráneo de las cloacas, todo sería muy distinto si los romanos no nos hubiesen dejado estos conocimientos, ahora veo todo diferente cuando viajo en el metro.

Volteo y veo kuroi y korai caminando en todas direcciones, y creo que, aunque cambiemos nuestro aspecto externo, según las modas como en la época arcaica, con vestidos policromados y decoraciones geométricas, y varíe el largo de nuestro cabello, por dentro seguimos siendo todos los mismos xoanon de siempre, buscando al Plutarco que logre traer el orden y unificar a la nación, haciéndonos ver nuestras tantas semejanzas, aún y cuando pensemos distinto.

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