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Fermín Toro, primer novelista de Venezuela

Fermín Toro, primer novelista de Venezuela

Fermín

El liceo Fermín Toro es uno de los centros educativos más emblemáticos de Caracas. Fundado en 1936, fue epicentro de importantes protestas contra la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. El edificio que le sirve de sede data de 1946 y es obra del arquitecto Cipriano Domínguez, responsable también de las torres del Centro Simón Bolívar.

Liceo Fermín Toro
Liceo Fermín Toro

Esta institución homenajea con su nombre a uno de los intelectuales más importantes y prolíficos del siglo XIX venezolano.

Escritor pionero

Fermín Toro nació en la actual parroquia caraqueña de El Valle el 14 de julio de 1806 en el seno de una familia de origen canario. Su padre era pariente del marqués del Toro, firmante del Acta de Independencia, en cuya biblioteca de la Quinta de Anauco el joven Fermín se formó de manera autodidacta.

Quinta de Anauco
Quinta de Anauco

Desde muy temprana edad, Fermín Toro destacó en todos los aspectos de la vida pública e intelectual de Venezuela. Fue ministro de Hacienda, diplomático, parlamentario, docente, ensayista, novelista, poeta y cuentista. También se dedicó a la botánica y llegó a clasificar a más de 700 especies vegetales caraqueñas.

Entre 1839 y 1841, Toro se desempeñó como secretario de Legación de Venezuela en Inglaterra. Durante su estancia en la capital británica, el caraqueño constató las difíciles condiciones de vida del proletariado londinense en plena Revolución Industrial, sometido a largas y extenuantes jornadas laborales, con salarios miserables y sin seguridad social alguna.

El Londres del siglo XIX según Gustave Doré

Tras su vuelta a Venezuela, Toro se inspiró en su experiencia europea para escribir la que sería la primera novela de la literatura nacional, en la que denunció la situación de “los mártires de la sociedad, las víctimas de la riqueza, con cuya sangre se rocían los altares consagrados a su culto”.

La novela, titulada precisamente “Los Mártires”, se publicó por entregas en la revista “El Liceo Venezolano” entre febrero y julio de 1842. No se editaría como libro hasta 1963, casi un siglo después de la muerte de su autor.

Fermín Toro
Portada de una edición de «Los Mártires»

Fermín Toro también fue pionero en el campo del  artículo costumbrista y el relato corto. Su obra más famosa en este último ámbito es “La viuda de Corinto” (1837), que narra la turbulenta historia de amor entre Atenais, la viuda griega del título, y el turco Seyde Iman en el contexto de la Guerra de Independencia de Grecia (1821-30) contra el imperio Otomano.

Asimismo, Toro escribió poemas, pero se trata del material menos relevante de su producción literaria. A juicio de los críticos Oscar Sambrano Urdaneta y Domingo Miliani, se trata de “versos técnicamente bien escritos, y nada más”.

Toro igualmente destacó como autor de ensayos políticos y económicos. Son relevantes al respecto “Europa y América”, donde critica el intervencionismo de las potencias europeas en las jóvenes repúblicas latinoamericanas, y “Reflexiones sobre la Ley del 10 de abril de 1834”, en cuyas páginas analiza la llamada “Ley de Libertad de Contratos”, que a juicio de Arturo Uslar Pietri, “trajo la libertad de usura, creó una mortal pugna entre agricultores y comerciantes, dividió a la sociedad y acarreó odio y desprecio a los jueces y a las leyes”.

En diciembre de 1842, Fermín Toro vio cumplido uno de sus mayores anhelos cuando integró la comisión encargada de efectuar las honras fúnebres a Simón Bolívar con motivo de la llegada de los restos del prócer a Caracas desde Colombia. A Toro le correspondió escribir una detallada crónica del evento, titulada “Descripción de los honores fúnebres consagrados a los restos del Libertador Simón Bolívar”.

Llegada de los restos de Bolívar a Caracas

Bailando con la reina

Toro viajó nuevamente a Europa en 1846 para ratificar el Tratado de Paz y Amistad entre Venezuela y España, firmado el año anterior y mediante el cual la nación ibérica reconoció a Venezuela como país independiente. Durante su permanencia en Madrid, Toro bailó con la reina Isabel II, que entonces tenía 16 años.

Isabel II de España

Durante la danza, Fermín Toro pisó el manto de la reina, quien le comentó jocosa: “Hasta mi manto real quiere está hoy a vuestros pies”. Ante las disculpas del venezolano, la joven soberana replicó: “¿No os agrada este homenaje de la reina? Pensad que la madre acude a la fiesta de su hija. España honra a Venezuela en vuestra persona”.

Dignidad ante el atropello

Fermín Toro volvió a Venezuela en abril de 1847 y meses más tarde le tocó vivir uno de los eventos más trágicos de la historia decimonónica venezolana: el llamado “Asesinato del congreso”.

Las tensiones entre el entonces presidente, José Tadeo Monagas, y el partido Conservador, responsable de su ascenso al poder, llegaron a su punto máximo el 24 de enero de 1848, cuando el congreso, de mayoría conservadora, sesionaba en el antiguo convento de San Francisco (hoy Palacio de las Academias) con el fin de destituir al mandatario.

Palacio de las Academias

Instigada por varios rumores sobre lo que ocurría en el congreso, una turba armada afín a Monagas irrumpió en el recinto. Durante la trifulca que siguió hubo varios heridos y ocho muertos, entre ellos el diputado, diplomático y padre de la hacienda pública venezolana Santos Michelena, quien recibió un bayonetazo y falleció a consecuencia de la herida menos de dos meses después.

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Santos Michelena herido durante el «Asesinato del Congreso»

El alboroto solo cesó cuando se presentó el propio José Tadeo Monagas a imponer orden. En la práctica el congreso perdió su autonomía y se convirtió en un mero apéndice del ejecutivo.

Fermín Toro, quien era diputado por Caracas pero no estuvo presente durante el incidente, se rehusó a reincorporarse al parlamento y pronunció una frase que se ha hecho célebre como ejemplo de dignidad: “Díganle al general Monagas que mi cadáver lo llevarán, pero que Fermín Toro no se prostituye”.

Fermín Toro
Fermín Toro

José Tadeo Monagas, por su parte, también pronunció en este contexto otra sentencia famosa, aunque mucho más cínica: “La constitución sirve para todo”.

José Tadeo Monagas

A raíz del “Asesinato del congreso”, Toro renunció a su curul de diputado y se retiró de la vida pública durante los siguientes diez años hasta 1858, cuando José Tadeo Monagas fue derrocado por la llamada “Revolución de marzo”.

Bajo el nuevo gobierno de Julián Castro, Toro se desempeñó como ministro de Hacienda y de Relaciones Exteriores (en este último cargo le tocó sortear una grave crisis diplomática internacional derivada del asilo de Monagas en la embajada de Francia) y presidió el congreso constituyente que elaboró la Constitución de 1858, considerada por Rafael Arráiz Lucca como “la primera constitución democrática del país”, pues instituyó por primera vez el voto directo (aunque no universal) para la elección del presidente de la República, el vicepresidente y los diputados.

Tras el estallido de la Guerra Federal en febrero de 1859, Fermín Toro desempeñó su última misión diplomática en el Viejo Continente, donde le tocó ofrecer explicaciones por los bienes y ciudadanos europeos afectados por el conflicto.

Fermín Toro
Fermín Toro

De vuelta en Venezuela, Toro vivió sus últimos años retirado de la vida pública. Falleció en la Quinta de Anauco el 22 de diciembre de 1865 a la edad de 58 años. Sus restos ingresaron al Panteón Nacional el 23 de abril de 1876.

El escritor Juan Vicente González le dedicó a Fermín Toro una “Meseniana” (elegía) en la que afirmó: “Acaba de abrirse una tumba y ha caído en ella el último venezolano, el fruto que crearon la aplicación y el talento, y que sazonó la paz en los envidiados días, que para siempre huyeron, de gloria nacional! ¡Llorarle es afligirse con los destinos de un pueblo condenado a vivir de la ceniza de sus días pasados!”

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